En estos caminos electrónicos viaja la rebeldía
que sueña y sueña ...
Y cuando el sueño es de muchos y se sueña juntos... es REALIDAD.
fragmento: declaración de principios de ALIA*

jueves, julio 14, 2011

Opinión:VERGÜENZA AJENA

Por Jorge Luis Ubertalli
Tengo vergüenza propia y asumo la ajena por este nuevo retroceso de la conciencia de las mayorías en la Capital Federal. Que cada cual asuma la suya.

Las pompas y discursos rimbombantes sobre un aniversario más de la Independencia del país de la corona de España contrastaron con el día después, 10 de julio, en el que la vergüenza ajena me inundó de arriba abajo. 
En mi ciudad capital de la Argentina, presunta hija del primer mundo europeo primero y norteamericano después, con anchas avenidas, mujeres hermosas, esculturas famosas, paseos, shoppings, barrios olvidados, villas miseria y tuti quanti, un esperpento ineficiente y manipulador de resentimientos, xenófobo y racista a carta cabal en relación con los ‘negros’ locales y extranjeros, ladrón del erario público, liquidador de la salud y la educación popular y contratista de obras inservibles que él mismo y sus compinches se autoadjudicaron para engrosar sus bolsillos de lujo, ganó las elecciones a jefe de gobierno con casi el 50% de los votos, que sin embargo no le alcanzaron para triunfar en la primera vuelta. 

Amigo de los enemigos de los pueblos, como Aznar, Tuto Quiroga, Piñera, Vargas Llosa, Bush y otros exponentes del averno imperial y expoliador; vacuo y frívolo cual canzonetta de cantina, emparejado políticamente con una esbelta yuppie for export cuyas trapisondas varias están a la puerta del juzgado, este “vamos bien”, homólgo del aquel “siganme” de un pillo patilludo metido a presidente que licuó y remató el país al peor postor, irá a ballotaggue con el candidato del oficialismo.

Vergüenza ajena dá que el “ingeniero Mauricio” haya sido votado por tantos irresponsables, tontos y resentidos. Y para peor, no sólo de las clases más pudientes, sino de las más bajas.
Vergüenza ajena dá que aquellos que durante la dictadura soslayaban los episodios bestiales del terrorismo de Estado con aquel consabido” por algo será”, estén ahora, como siempre, sosteniendo en la palestra del sumidero de la historia a un magnate enriquecido en el marco de aquella “patria contratista” dictatorial. 
Vergüenza ajena y propia, por haber nacido en un país y una ciudad cuyos habitantes, en gran parte, prefieren lamer las botas del opresor y explotador y besar el látigo, sutil o abierto, económico, social, cultural y político de los que retozan humillándolos. 
Vergüenza ajena y propia, como no.

Y como la vergüenza y la bronca ya me cala los huesos y el alma hasta los confines de la paciencia, quiero decir a voz de cuello que los brutos, resentidos, tontos que se jactan de sus tonterías e ignorantes, sean quienes fuesen, no pueden tirar a la marchanta lo que costó sangre, sudor y lágrimas conseguir. 
Y que no valen autocríticas en cuanto a la forma de vestirse, de hablar, gesticular o posar para convencer a los inconvencibles de que, como dijera Mario Benedetti en aquel poema, mas temprano que tarde se ha de prohibir la decisión de elegir lo injusto, cuando eso toca a la cosa pública, que hacen los trabajadores con su esfuerzo cotidiano. 
Hablar claro, sin demagogia, es lo que corresponde en estos casos, sin dobles mensajes ni conciliaciones oportunistas.

La ignorancia y el resentimiento, la imbecilidad y la necedad, la irresponsabilidad, la repetición de errores y horrores y la sumisión al poderoso en el marco de un sentido común que recrea lo peor del ser humano, no son virtudes ni individuales ni colectivas, mucho menos colectivas.
Basta de doñas Rosas, don Juanes o cualquiera otro u otra que, por el sólo hecho de esconder la cabeza como el avestruz ante el genocidio, el latrocinio, la desidia y opresión frente a los mas pobres y la indignidad pública; ante la pinchadura de teléfonos y el espionaje, la represión y el hambreamiento de maestros, la desatención de escuelas y hospitales públicos y otros etcéteras, sean presentados como a  aquellos virtuosos/as a los/as que hay que escuchar, emular y agradar por ser representantes genuinos de un “pueblo” de opereta. 

Si, es necesaria la educación, la paciencia y la comprensión. Pero no a costa de bancarse a los entusiastas apólogos de la mano dura, de la blasfemia frente al diferente o extranjero, de la complicidad y complacencia con aquellos “triunfadores” a quienes los imbéciles toman como arquetipos y sujetos de imitación.

Tengo vergüenza propia y asumo la ajena por este nuevo retroceso de la conciencia de las mayorías en la Capital Federal. Que cada cual asuma la suya. 
Pero, eso sí. Pase lo que pase, no se habrá de permitir que por una voluntad colectiva chirle y desequilibrada, todo se nos vaya a la mierda.

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