En estos caminos electrónicos viaja la rebeldía
que sueña y sueña ...
Y cuando el sueño es de muchos y se sueña juntos... es REALIDAD.
fragmento: declaración de principios de ALIA*

martes, septiembre 12, 2017

La Clase Media y Los Medios (Decíamos Ayer)

En Argentina se lucha por la libertad de expresión.
Por Blanca L. Chaler
Argentina 2013: Hace cuatro años se sancionó la Ley 26522, de Servicios de Comunicación Audiovisual, cuyo objetivo es imbuir de potestad al estado para regular el sector de las comunicaciones audiovisuales, de modo de garantizar en todo el territorio nacional la libertad de expresión. La Corte Suprema de Justicia de la Nación debe dictaminar sobre la constitucionalidad de algunos de sus artículos para que pueda aplicarse en su totalidad.
Éstos han sido cuestionados por el grupo multimediático Clarín, hegemónico, el que mediante el recurso de medidas cautelares ha impedido la aplicación total de la Ley en vigencia, llegando a plantear ante la Suprema Corte la inconstitucionalidad de algunos artículos.
Este poder mediático no puede aceptar dejar de condicionar en la medida en que lo hace actualmente, la voluntad de una parte importante de la sociedad argentina y sectores del mismo poder judicial.
Pero comenzamos, pueblo y gobierno a caminar sobre nuestras propias piernas.

Respecto a este tema, encontramos un aporte muy importante, un legado de luchadores, en la revista Repensar de mayo 2009, en un artículo de Roberto Perdía, que utilizamos como fuente para plasmar estos conceptos.

LOS MEDIOS Y SOCIEDAD
Los medios de comunicación masiva, se han constituido en el núcleo duro, el centro de irradiación ideológica de la política de globalización.
En este proceso de homogenización de costumbres, hábitos, modos de pensar y consumir, los medios ocupan un lugar central. Al servicio de estos fines el sistema mediático pone todo su instrumental. Radio, cine, televisión, y diarios multiplican-hasta el hartazgo-los mensajes para doblegar la resistencia de las diversas culturas y someterlas a "valores universales" del sistema que ellos venden y nosotros debemos consumir. Avanzan en la idea que las necesidades del mercado, que ellos controlan y a través del cual extraen sus ganancias, deben constituirse en nuestras propias necesidades.
Esto es posible dado el gigantesco avance de las tecnología de la comunicación en manos de los medios de comunicación de masas. La TV e Internet son parte de nuestra vida cotidiana de tal forma que, si lo pensamos un instante, comprenderemos la enorme importancia de su rol.
Para que este mecanismo funcione el sistema mediático debe avanzar, permanentemente en su mayor concentración posible. De esta manera está garantizado que basta con la decisión de unos pocos para lograr la universalización de lo que trasmite.
Es a partir de esta situación que podemos y debemos generar las condiciones para fortalecer un sistema comunicacional con otros objetivos que le dé cabida a todas las expresiones de nuestro pueblo.
Con la actual tecnología podemos multiplicar nuestra forma de comunicación.
La apropiación de la comunicación por parte de las comunidades, debe ser parte del proceso de construcción de poder popular y liberación de nuestros pueblos, desarrollando nuevos paradigmas desde nuestra propia historia e intereses.
Como reciben los distintos sectores sociales el mensaje de los medios
Cada sector social tiene una percepción distinta de lo que recibe de la información y ficción mediática.
Los sectores dominantes no le otorgan ninguna credibilidad al mensaje que transmiten sus propios emisores. Les importa solamente que dicho mensaje cumpla con los objetivos que produzcan los efectos deseados en los consumidores, sus clientes: el público, nosotros. El mensaje en sí mismo no es de su interés, generalmente lo desprecian, ellos se mueven en otra esfera.
Los sectores populares, mayoritarios en la pobreza de su nivel de ingresos, ven a los medios y sus expresiones como un espectáculo más. De allí el creciente esfuerzo por identificar información con entretenimiento. Ese es el modo a través del cual, los dueños del mensaje y sus contenidos, aspiran utilizar la perspectiva-de los sectores populares-de considerar a todo lo que les llega, por las vías mediáticas más masivas-sobre todo la televisión-, como una forma de entretenimiento.
La información transformada en mercancía ya no tiene el significado de trasmitir un hecho real sino que responde a la necesidad de vender un producto y consolidar el sistema de poder. El producto a vender puede ser un jabón, una medida gubernamental, un candidato electoral o un partido de fútbol. La lógica del marketing comercial pretende invadirlo o abarcarlo todo.
La clase media como creadora principal y consumidora de la cultura mediática
Analicemos el comportamiento de la clase media frente a la cultura mediática.
La clase media en nada se parece a la percepción de los sectores dominantes a los que-genéricamente -poco y nada les interesa lo que diga la TV, el cine o el diario, siempre que ello sirva a sus objetivos. Si se propagan mentiras, si se dicen agravios, si se falta el respeto, no importa, les sirve.
La clase media también está lejos de como incorporan el mensaje los sectores más humildes y su visión de todo mensaje mediático como parte de un entretenimiento. Para los sectores medios el contenido que le llega por la vía mediática, no es un espectáculo. No, de ninguna manera, es la pura y mismísima verdad. Lo critican, lo cuestionan, pero le creen.
Hace varios años, Arturo Jauretche se hizo eco de la "tilinguería" de gran parte de nuestra clase media, siempre pendiente de "la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser" y presionada por sus ganas de ascenso social. Por ello, salvo honrosas excepciones, es común encontrarla pendiente de las actitudes de las "clases superiores", es clienta de los intereses de las mismas, quiere parecerse, quiere ser, vestirse, hablar como las clases altas. Por eso no es de extrañar que ésta le deje la tarea de elaborar lo códigos a través de los cuales se expresará esa cultura de masas, haciendo potable y asimilable el contenido del discurso que le interesa trasmitir.
Son los intelectuales, provenientes de la clase media, los encargados de elaborar el código utilizado para trasmitir los múltiples mensajes que interesan al sistema de poder. Esos sectores medios elaboradores del código, son al mismo tiempo sus principales consumidores, creen firme y literalmente en el producto que crearon.
A diferencia de los sectores económicamente más poderosos y de los más sumergidos, la clase media cree- genéricamente -en la literalidad del texto, imagen o sonido que recibe, en base a códigos elaborados por intelectuales de su misma clase.
Así es nuestra clase media, mejor dicho la mayor parte de los pobladores porteños y los que residen "dentro de los bulevares" de las ciudades más importantes del país. Allí están los principales productores y consumidores de la ideología predominante en nuestros medios de comunicación de masas. Ellos conforman la "crema de la opinión pública", que condiciona y le da "aceptación social" a los comportamientos de cada uno de nosotros, siempre que ellos no cuestionen a quienes detentan el poder real.
Hoy los comunicadores aparecen desnudos en las pantallas de tv y en las páginas de los diarios, pero la clase media no los ve, no se mira a sí misma, no se autoevalúa, no piensa en sus propios intereses, cree a los profetas del odio y sólo se involucra en aplaudirlos.
Los medios son sus médium entre la realidad y ellos mismos.
Jauretche, con toda lucidez y razón decía:
"las zonceras se hacen fuertes en la boca de dos grupos relevantes que operan en la realidad argentina: los profetas del odio y el medio pelo. Los primeros, emisores, funcionaron como idiotas útiles correveidiles de la colonización pedagógica y los segundos, receptores, como difusores en los niveles medios de la sociedad. Unos dándole al discurso colonizador categorías "académicas" y los otros vulgarizando y extendiendo el grado de influencia del discurso"
Terminar con esta vergüenza y asumir lo propio es una de las condiciones para echar a andar -parados en nuestras propias piernas.

lunes, septiembre 11, 2017

El Diario De Hoy: OPINIÓN |

Sí, se puede 
| Por Eduardo Aliverti


Tienta hablar de que nuestro periodismo está escribiendo una de las páginas más vergonzosas de su historia, en natural alianza con los factores de poder que lo surten. Pero es cierto sólo parcialmente. Hay otra parte, igual de determinante, que enorgullece.

El lunes pasado, según admitieron los medios oficialistas y algunos de sus comunicadores que frecuentan Casa Rosada, había desolación entre varios funcionarios. Acababa de conocerse que el perfil genético del herido por el puestero en la estancia de Benetton, durante el supuesto ataque de un supuesto grupo mapuche, no coincidía con el de Santiago Maldonado. En verdad, esa nunca fue una hipótesis con algún grado de verosimilitud sino la operación desperdigada por la prensa macrista en su trabajo, admirablemente incesante, por embarrar el terreno con toda clase de disparates. Si esos funcionarios con ánimo azorado compraron auténticamente el diario de Yrigoyen, se está ante una grave pérdida del sentido de realidad. Y si se trató de una actuación, tal vez es más grave todavía por el grado tenebroso de cinismo. Desde el primer momento, cualquiera con acceso a fuentes fidedignas era conocedor de que todos los indicios y sospechas firmes conducían a la Gendarmería, por ende a Bullrich y por ende a las consecuencias de la ordenación represora que habilita el discurso de Cambiemos. Muchísimo más, lo sabía cualquiera con entrada directa a las vertientes oficiales. Transcurrido el mes desde la desaparición de Maldonado, se habían acumulado los vislumbres y probanzas aportados, entre otros, por la parte del periodismo que todavía enaltece el oficio. ¿Qué lugar sensato podía ocupar la versión castrense de Patricia Bullrich, a quien finalmente le ordenaron enmudecer por completo cual si fuese no la ministra de Seguridad –en medio de un episodio terrible concerniente a su área– sino una outsider desencajada que sobreactuó su solidaridad con los gendarmes? De por medio hay un desaparecido, no versiones sobre la cotización del dólar, ni acerca de internas en el Gabinete, ni en torno de coimas en licitaciones públicas. Un desaparecido.

De ser por el caso en sí y desde toda perspectiva con limpieza intelectual, al menos en corto plazo el Gobierno no podrá salir de la encerrona que se autoprodujo porque, gracias a las usinas directas y a las que obran como prensa independiente, ya se instrumentaron casi todas las operetas y fantasías. El “casi” es una concesión al talento inagotable de sus libretistas. En orden no cronológico y de capacidad creativa diversa, pero siempre con el mismo y repugnante sentido desviacionista, ya inventaron un brote subversivo mapuche y una célula anarquista; un impedimento de ingresar a tierra ancestral sagrada, que no existe en ninguna parte; un pueblo entrerriano donde toda la población se parece al desaparecido; un jefe de gabinete del ministerio de Bullrich que ni coordinó la represión ni empezó a actuar en Chubut a mediados del año pasado, sino que simplemente pasaba por ahí y se bajó del auto a saludar los gendarmes; la firme decisión de colaborar con la Justicia a un mes de los hechos; un cadáver NN en una morgue chilena, de rasgos similares a Maldonado; una borrachera de violencia y una declaración de guerra, al cabo de la manifestación en Plaza de Mayo, por parte de un grupo de provocadores entre los cuales, como de costumbre, estaba encapuchada la propia policía al extremo de que el propio gobierno porteño anunció que abriría un sumario interno; la sugerencia de que Maldonado fue muerto por sus compañeros, entrenados por guerrillas vascas, colombianas y kurdas. Improvisaron que Gendarmería filmó todo pero ocultaron que no grabó las escenas de intrusión en Cushamen o, peor, la grabación fue destruida. Escondieron que al realizar las pericias rudimentarias de cinco camionetas, ya lavadas, el juez Otranto no ordenó allanar simultáneamente las instalaciones de Gendarmería, que afirma haber usado sólo las camionetas cuando en el lof mapuche están las huellas del unimog.

A esta altura, semejante e incompleta lista de atrocidades institucionales, jurídicas y periodísticas sugeriría que ya no tienen más nada que inventar, no porque faltaran ganas o ensoñaciones sino por la presunción de que no deben seguir cayendo en el ridículo, bajo pena de perder unos cuantos votos. No es ésa la cuenta que sacan en el macrismo. Obviamente, ya mandaron a medir el impacto masivo por la desaparición de Maldonado y el resultado les da que es electoralmente irrelevante. Al contrario, todas las encuestas, publicadas y reservadas, muestran un crecimiento de las candidaturas oficialistas en general, ayudado por la polarización en el decisivo territorio bonaerense y por un clima económico cuyos indicadores no resisten la comparación contra 2015, pero sí versus el escenario planchado de 2016. La memoria parece ser cada vez más corta. Los relevamientos de a miles de personas, los grupos focales, lo que se advierte en las redes y repercusiones en medios de comunicación tradicionales (trolls aparte) descubren críticas y enojos como los que manifestó el senador radical Ernesto Sanz, quien atribuyó la causa principal de esta inmundicia a un problema de comunicación gubernamental que debería corregirse. De todas maneras, cabrá reconocerle al mendocino la voluntad de mínimamente decir una pavada. ¿Nadie se pregunta por el silencio de la doctora Carrió, como numen sacrificial de la lucha contra la corrupción y los escamoteos antirrepublicanos? ¿O acaso se toma en serio su mención de estas horas a que el “narcokirchnerismo” busca destruir a Bullrich? No hay por qué no creerle a lo despreocupado que se muestra el Gobierno sobre la incidencia de Maldonado el 22 de octubre, porque en rigor no hay mayor novedad alguna. ¿Cuál es la diferencia profunda entre que si se lo llevaron por algo habrá sido y qué tenía que hacer el hippie ése entre mapuches barderos? ¿Cuál es entre que los desaparecidos andan viajando por Europa y que este fumado debe estar en algún lugar de la cordillera, o andá a saber dónde? ¿Cuál es entre los terroristas del trapo rojo y sucio y unos indios que quieren independizarse? ¿Cuál es entre la campaña antiargentina en el exterior y la que acá encabezan por Maldonado los subversivos de Cristina y Verbitsky? Sostener esos delirios, para definirlos de algún modo aunque en verdad no hay ninguna palabra capaz de abarcar su dimensión siniestra, sólo puede ser posible porque hay un amplio plafond social que es simultáneamente tributario y originador del mensaje facho. Una base que articula con sectores de abajo y, quizá sobre todo, de clase media dispuesta a indultarse con la pregunta de qué tendrá que ver Santiago Maldonado con los dramas, problemas y desafíos de mi vida. Si el desaparecido es víctima ostensible del aleccionamiento represivo que necesita un gobierno como éste, vaya el yo argentino porque ni me meto, ni habito la estepa patagónica ni entiendo qué tendrá que ver Maldonado con la inflación, los despidos, el boliche que no da o el festival de deuda externa que nos lleva otra vez a las condiciones objetivas de 2001.

Lo único que mete una cuña interpelante, movilizadora, entre esa mirada de Maldonado que circula por todo el mundo y el mundo violento, racista, indiferente, frívolo, de quienes viven en un potus masturbatorio, es esa gente orientada a no ser hablada por los medios sino a que los medios tengan que registrarla porque, de tanto que no se cansa, los obliga a reaccionar no solamente con la creación de fantasmas. ¿Por qué Macri debió aceptar hablar del tema así fuere con sus oraciones escolares y en una ronda de prensa apurada, callejera, de la que literalmente escapó? ¿Por qué le ordenaron a Bullrich que se cosa la boca y evite toda figuración? ¿Por qué lo mandaron a Avruj a hacerse presente y por fin en el lugar de los hechos? ¿Por qué intentan a toda costa congraciarse con la familia de Maldonado? ¿Por qué los medios adictos, caído su guión de la mancha de sangre que habría de confirmarse como del atacante Maldonado contra un puesto de estancia, comenzaron a abrir sus portadas y noticieros con largos despliegues dedicados a los cuentos de Gendarmería, del juez, de la fiscal, de Bullrich? ¿Por qué el Gobierno, a través sus voceros y en lugar de respuestas técnicas a las acusaciones precisas, habla de la subversión?  Porque la gente indispensable arrinconó a la mentira. Porque todavía está esa parte del periodismo que hace honor a los datos precisos, junto con la opinión que se funda en ellos. Y porque, como suele suceder, hay algo que se (les) pierde entre los cálculos más detallados gracias –como en este caso– a la sinergia de lo que comienza siendo disperso. Una que empieza a interrogar dónde está Maldonado en un consultorio médico, uno que pone el cartel en cualquier pared, una que lo dice por los altoparlantes del aeropuerto, uno que crea un meme y otros que lo esparcen, y otros que saturan las líneas telefónicas de denuncia, y más, y más, hasta que la mismísima crema del establishment tenga que emitir una declaración preguntando dónde está Maldonado, aunque lo use para prevenir contra el peligro de clima de violencia fogoneado por los periodistas que compra. Hasta que un colega de Clarín, de tanto que en los medios del grupo ignoraron el tema, tenga que referirse a él en el lugar del diario que fija la posición editorial aunque rebautizando a Santiago como Sebastián. Todo eso se logró. Nada más y nada menos que todo eso.

De modo que Sí, se puede. 

El Diario De Hoy: CHILE - Estados Unidos y Pinochet

El imperio norteamericano utilizó todos los recursos disponibles para poner fin a la Unidad Popular de Allende. El país norteño promovió y financió a la oposición chilena que, a su vez, impulsó acciones como paros de transporte, escasez inducida de alimentos y huelgas generales.

En el informe “Actividades de la CIA en Chile”, se puede leer: "La CIA también suministró ayuda a grupos militantes de extrema derecha para debilitar al Presidente y generar una atmósfera de tensión".

El 11 de septiembre de 1970, las fuerzas armadas chilenas, bajo el comando del entonces comandante en jefe del ejército, Augusto Pinochet Ugarte, y con ayuda de los Estados Unidos, llevaron a cabo un golpe cívico-militar contra el gobierno de Salvador Allende.

La violencia generada la mañana de ese martes fue tan agresiva que, prácticamente, dejó sentado lo que serían los próximos años para Chile: un país sometido a una de las dictaduras más cruentas de América Latina.

Ese 11 de septiembre, el palacio de Gobierno, llamado "La Moneda", fue bombardeado por aviones y tanquetas, quedando absolutamente destruído y cuya posterior reconstrucción tardó años.

El presidente Salvador Allende se encontraba en su interior. Pese a los intentos de sus familiares y de su círculo amistoso y político más cercano para llevarlo a un lugar seguro, el mandatario no quiso abandonar su lugar. Asimismo, rechazó el ofrecimiento de Pinochet de "rendirse" y abordar un avión fuera del país. (grabaciones posteriores delatarían las verdaderas intenciones del militar, quien pretendía derribar la aeronave en pleno vuelo).

"Yo no voy a renunciar. Pagaré con mi vida la lealtad del pueblo" dijo en sus últimas palabras, registradas para siempre en un discurso histórico transmitido por la Radio Magalles. 

El Diario De Hoy: CHILE - La historia la hacen los pueblos



Ese hecho marcó al país y a la sociedad chilena, transformándose hasta el día de hoy, para muchos de los seguidores de su legado, en el día más alegre de la historia de la nación. Sin embargo, su triunfo signiricaría también el inicio de una persecusión política que no sólo acabó con el mandato del pueblo, sino también dañó profundamente a varias generaciones, hasta el día de hoy.

Su convicción de que el socialismo podía construirse sobre la base de las tradiciones democráticas, en lo que se definiría como la vía chilena al socialismo, promovió importantes reformas políticas, económicas y sociales que transformaron al país, como la nacionalización de la gran minería del cobre y la profundización de la reforma agraria.

Por primera vez, el pueblo tenía en sus manos su propio destino. La igualdad de oportunidades y derechos eran una realidad palpable y la vida digna y justa estaba siendo garantizada por Allende.

Durante la Unidad Popular la cultura chilena floreció profundamente en referentes políticos y artísticos como el cantautor Víctor Jara (asesinado por la dictadura el 16 de septiembre de 1973) o el poeta Nobel de Literatura 1971, Pablo Neruda, quien falleció el 23 de septiembre, asediado por una enfermedad que se aceleró por la tristeza del golpe de Estado, doce días antes de su muerte. 

Su discurso y sus medidas revolucionarias eran abiertamente opuestas al orden establecido por Estados Unidos en la región y afectaban a los intereses de la oligarquía y de los sectores de la derecha del país, quienes iniciaron  una campaña de desestabilización económica contra el Gobierno.

El inolvidable legado de Allende a 44 años de su partida

El pensamiento político y humano de Salvador Allende continúa vigente en el pueblo de América Latina y el mundo, que lucha por una sociedad más justa y equitativa.
Salvador Allende es una de las personalidades más importantes y recordadas de la historia de Chile. Fue electo como presidente de ese país en 1970 para cumplir su mandato hasta 1976, sin embargo el 11 de septiembre de 1973, Augusto Pinochet -en complicidad con los Estados Unidos- lideró un golpe cívico-militar contra su Gobierno. Esa mañana, el presidente Allende murió en el palacio de La Moneda defendiendo "el mandato del pueblo", como dijera en sus últimas palabras.


Semblanza de un líder

Salvador Allende nació el 26 de junio de 1908, en el seno de una familia de clase media de Valparaíso. De niño viajó por el país a causa de las actividades laborales de su padre, un abogado que ocupó varios cargos políticos en Chile.

En 1924 ingresó a estudiar Medicina a la Universidad de Chile. Llevado por su profunda vocación social, en 1929 integró el grupo político universitario "Avance", siendo un importante referente estudiantil. A los 25 años se convirtió en el primer secretario regional del Partido Socialista de Chile.

Al obtener su título de médico cirujano, Salvador se dedicó a la medicina social, dejando como legado diversos trabajos sobre salud pública. Antes de cumplir los 30 años, fue electo Diputado por Valparaíso y Quillota.

Bajo el Gobierno del presidente chileno Pedro Aguirre Cerda, ejerció como ministro de Salud. En 1945, fue electo Senador, llegando a presidir la Cámara alta del Congreso.

En 1951, junto a comunistas, radicales doctrinarios y la izquierda socialista, participó en la fundación del Frente Nacional del Pueblo (FRENAP), alianza calificada como una "conciencia en marcha". Un año después se postuló por primera vez para presidir el país.

Luego de tres intentos, el 4 de septiembre de 1970, Salvador Allende fue elegido presidente de Chile, apoyado por la histórica coalición de partidos de izquierda llamada "Unidad Popular".

@RadioAlia La Mañana con Victor Hugo Morales 11/09/2017

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sábado, septiembre 09, 2017

LA PELÍCULA DE HOY: CABALLOS SALVAJES

José (Héctor Alterio) es un veterano anarquista de setenta años. Durante toda su vida ha sabido cómo y por qué vale la pena jugarse la vida. Por eso, cuando un día se siente estafado por el banco donde guarda sus ahorros, decide atracarlo y darse a la fuga. Allí conocerá a Pedro (Leonardo Sbaraglia), un joven empleado de la entidad. Aunque no hay nada que los una, desde el primer momento Pedro siente una conexión con el anciano y ve en él el tipo de persona que quiere ser. Juntos comienzan la huída.
A ellos se unirá Ana (Cecilia Dopazo), una chica sin rumbo que no sabe qué hacer con su vida. Los tres escaparán juntos de sus perseguidores y vivirán una aventura en la que conocerán lo que son capaces de hacer y descubrirán lo que merece la pena y lo que no.

viernes, septiembre 08, 2017

Editorial Carlos Polimeni 08/09/2017

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